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Fecha: 16/01/2010

Victimización


 

La presidente, su marido, las conspiraciones y el riesgo institucional

                                                  

Por Marcelo Elías

 

El análisis político, al igual que el económico, requiere en la Argentina de los Kirchner de las ciencias médicas.

 

Es así porque ciertos rasgos de las personalidades de Néstor y Cristina impregnan, de manera exagerada e inconveniente, las acciones del gobierno y sus consecuencias.

 

Si se tratara de dos militantes de fuertes convicciones y coherentes, no habría que dejar de ver las cosas, a pesar de lo dicho, con un prisma ideológico.

 

Siempre han manejado, en situaciones de crisis, el recurso de las teorías conspirativas contra el gobierno, que son ellos, y la patria, de la cual son únicos defensores.

 

En sus luchas, revestidas casi todas con carácter épico, es común que identifiquen el disenso como una conspiración y a los que disienten como traidores.

 

Las decisiones irreflexivas e inconsultas, disparadas por la ansiedad y la tendencia al secretismo, y las acciones sorpresivas son un clásico del Kirchnerismo que se potencia en situaciones de tensión.

 

La negación del diálogo, el menosprecio por el consenso, la estigmatización de la negociación y la asociación de rectificación con debilidad impiden, incluso, que puedan utilizar salidas convenientes para sus propios intereses.

 

Lo que durante el conflicto del campo fue considerada una maniobra destituyente nacional que convirtió, entre otros, en enemigos malvados a miles de productores agropecuarios, es hoy una conjura internacional.

 

La oposición, sectores de la Justicia, Cobos, Redrado, la prensa, el Juez Griesa y los fondos buitres, son los actores de una conspiración destinada a destituir a Cristina para, según sus palabras, ?volver a la vieja Argentina?.

 

Descartamos cuestiones ideológicas de fondo, a la vista de que Néstor y Cristina han mostrado ?flexibilidad? en ese aspecto.  Basta recordar el entusiasmo con que defendieron las políticas menemistas de los 90 y sin ir más lejos son ellos quienes nombraron al Golden Boy al frente del Central.

 

Es más, las propuestas surgidas desde el radicalismo no contradicen la voluntad del gobierno respecto de reabrir el canje de la deuda y darle señales a los acreedores para hacerlo en las mejores condiciones.

 

Ni siquiera se puede decir, con seriedad, que el radicalismo y otros sectores de la oposición están ?defendiendo? a Redrado.

 

La crisis, como otras tantas de la era pingüina, se alimenta con las teorías conspirativas y las visiones persecutorias del matrimonio presidencial.

 

Hay que estar alerta, no se puede descartar que la potenciación de estas conductas los lleve a quebrar la institucionalidad con una huida disfrazada de complot.

 

 

 



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