Fecha: 05/03/2010 Encuentro Radical: La Política |
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III Encuentro Anual Superación Radical Pcia. de Buenos Aires ? Mar del Plata 5 y 6 de Marzo de 2010 Documentos para la discusión Reflexiones pos kirchneristas El kirchnerismo ha constituido en su momento histórico, aún en curso, una corriente política cuyo basamento central estuvo dado por el modo en que configuró su proceso de construcción de poder: a) decisionismo, entendiendo por ello una alta vocación de reformar situaciones dadas en base a ?decisiones? sin valorar demasiado el grado de consensualidad que pueda sostenerlas, b) distribucionismo, entendiendo por ello, la formación de ?capital político? en base a políticas de beneficio directo a sectores sociales concretos, c) concentración personal/ flexibilidad organizacional, en virtud de asumir por cierta la altamente negativa opinión pública mayoritaria sobre las organizaciones políticas, el kirchnerismo evolucionó desde posiciones de construcción efímeramente ?creativas? (la transversalidad) hacia el reconocimiento del poder de los denostados ?aparatos?, en ambos casos la imagen sólo esconde la vocación de prescindir de estructuras que comprometan la concentración de poder personal, d) y por último, se ha apoyado en un proceso de reconstrucción de un discurso heterodoxo-neo revisionista, que intenta sintetizar en clave actual las luchas emancipatorias nacionales; más allá de cualquier verificación de validez. El éxito de los dispositivos de este tipo dependen del ciclo económico (en general le ha sido favorable al kirchnerismo) y de la vocación de la sociedad o no por poner en cuestión: cómo se toman las decisiones, cómo se distribuye la riqueza, cómo se organiza el sistema político y cómo se validan las ideas. Sin esas cuatro cuestiones en juego, es muy difícil escapar a la tentación por la polarización política descalificante, como impulso primario. El terreno de juego de la superación de este modelo, sin que ello signifique una vuelta atrás en avances (que los ha habido), es concebir la lucha política más allá de la lucha por el poder público. El proceso ?seguramente largo- de enriquecimiento del debate político, que evite la primarización, implica por lo pronto cuatro tipo de acciones: a) Asumir la necesidad del dialogo público-privado como modo de reconstrucción del tejido social, no solo para la búsqueda de consenso económico, sino como mecanismo de resignificación de la cultura política, b) conjugar ?la política? con ?las políticas?, o sea la perspectiva general con las respuestas particulares; ambas perspectivas son complementarias, c) ampliar la agenda pública y encontrar nuevos públicos políticos, pues existe la tentación de hablar de los de siempre, a los de siempre. Es la única manera de evitar la simplificación caricaturesca de la política. d) Discutir las ?distribuciones? ocultas de La lucha política ilimitada y la competencia exagerada solo benefician a posiciones (a izquierda y derecha) cada vez más ridículamente exageradas en sus formas y huecas en sus contenidos. Las fuerzas políticas democráticas debemos optar por el camino de la competencia limitada y compleja, por la política propositiva, por la eliminación de los exabruptos y sobre todo por desenmascarar las simplificaciones engañosas. Todo ello excede la lucha electoral y constituye una tarea que va más allá del Estado. Esa tarea requiere de insumos de construcción ?subjetiva?, sobre todo derribar el modelo de liderazgo totalizador, el discurso compacto, la disciplina limitante, las certidumbres empobrecedoras. Las condiciones actuales de construcción política (desde la cultura de inmediatez, hasta la abundancia informativa) requieren de un modelo de liderazgo de otro tipo, más centrado en el enriquecimiento permanente, en la motivación y la confianza, en la revisión de las iniciativas y posiciones, en el equilibrio entre las distintas capacidades que requiere el rol de conducir, una coordinación pragmática, creativa, propositiva, integradora. El mantenimiento de organizaciones fragmentarias y autistas, es también consecuencia de liderazgos excluyentes, refractarios y centrados en la diferenciación competitiva (con exclusividad). Construir nuevos liderazgos, empieza por no validar culturalmente las bases simbólicas del modelo anterior. Sobre todo, abrir un espacio al reconocimiento del otro e incorporar modos calificados de vínculo, que haga sentir a las partes como integrantes de un solo sistema político. Cada momento histórico tiene sus exigencias, y la exigencia de En cualquier caso no es viable hablar de gobernabilidad o ciudadanía sin poner en discusión los modelos de liderazgo que se estimulan y sostienen. Otra cultura política es posible. << Volver |
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Marcelo Elías |
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