Buscar: en
Fecha: 25/03/2010

Las exageraciones


Por Orlando Costa (*)

La crisis derivada de la utilización de reservas para pagar deuda pública,  poco conocida para la mayoría en sus detalles técnicos, revela algunas características negativas que adquirió la política y que creo deberíamos cambiar para evitar otras crisis.

La confrontación ilimitada parece ser parte de una nueva cultura, que invade la comunicación y obliga a la exageración permanente para contrastar posiciones.

Después de las elecciones del 28 de junio, en las que perdió el gobierno poniendo en juego ?el modelo?, se alentó la idea que un nuevo esquema de poder con el fortalecimiento opositor haría girar las agujas del reloj en sentido contrario.

Hasta diciembre el gobierno exageró   el ejercicio del poder, incrementando su mala imagen y el rechazo de gran parte de los ciudadanos.

Con el recambio legislativo se exageraron las expectativas de cambio y se idealizó a la oposición como si fuera una fuerza única y compacta.

Esto no es así, el espacio opositor está ocupado por diferentes expresiones, distintas fuerzas políticas  y organizaciones, con varios  liderazgos. Es la diversidad que se dio en el voto y por lo tanto difícil de unir en un todo siempre, lo que resulta lógico.

Por otra parte, la necesidad de amplificar los gestos hace poco posible el dialogo y los acuerdos, muchas veces mal vistos en este escenario hostil en el que generalmente se juzga más a los actores que a los contenidos de sus acciones.

 En este sentido el presidente de la UCR, Ernesto Sanz, ha expresado, sin agravios ni acusaciones infundadas, que las votaciones en el Senado arrojarán distintos resultados según los temas que se debatan. Sinceridad y realismo, porque no parecen sensatas las exageradas calificaciones diarias de héroes o traidores, de oficialistas u opositores.

Entendida la negociación como la cesión de algo por cada parte para lograr beneficios mutuos, creo nos llevaría por caminos más constructivos, con mayor riqueza en los argumentos y resultados.

Las simplificaciones engañosas no ayudan, las descalificaciones impiden el acercamiento, el discurso lejano a la agenda pública de las cuestiones a resolver primariza la política, que es compleja, y la reduce a una polarización inútil.  

Creo que el cambio que se espera puede pasar por reconocernos entre diferentes, hablando bien y defendiendo ideas, buscando soluciones a los problemas. El orden democrático requiere climas más apacibles para tomar buenas decisiones, compartir reglas de juego que permitan fluir distintos pensamientos en un marco de respeto y confianza.

Ahora viene la discusión por la distribución de recursos entre Nación y Provincias. Hay mucho para aportar en el tema, imprescindible para el desarrollo y la calidad de vida de los argentinos.

Habrá un amplio debate público, es una cuestión que nos involucra a todos y podemos convertirlo en un punto de partida para una mejor calidad democrática e institucional.    

(*) Presidente del Bloque de Senadores de la UCR de la Provincia de Buenos Aires.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



<< Volver