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Por PEPE ELIASCHEV
Muchos de los acontecimientos profundos y de las disputas de ocasión que vienen sacudiendo sordamente a la Argentina son apenas el eco de episodios de alcance mundial y tendencias que se vienen evidenciando tanto cerca como lejos de este país.
Es necesario respirar hondo, tomar perspectiva y reflexionar descarnadamente sobre estos fenómenos, tomando distancia de las preocupaciones ocasionales del escenario doméstico que atrapan la atención de los columnistas.
Del otro lado de las fronteras argentinas, al norte de Salta y Jujuy, por ejemplo, se vienen cristalizando en la vecina Bolivia una serie de hechos que va mucho más allá de los meros sacudones políticos, económicos y sociales.
El del presidente Evo Morales no es un simple gobierno de izquierda socialista enderezado a modificar la injusta distribución de la riqueza en esa nación. Esa nación ha sido bautizada "estado plurinacional" y se vive en su seno una arrasadora refundación cultural. En todos los sentidos, la Bolivia de Morales no se siente parte de, ni quiere integrar en modo alguno lo que se suele llamar Occidente.
HOMOSEXUALIDAD
La semana pasada, por ejemplo, el presidente Morales aseguró que los varones tienen "desviaciones sexuales" por alimentarse de pollo. No era un chiste aymará (su etnia): lo dijo nada menos que en una reunión internacional consagrada al cambio climático, donde fustigó la existencia de productos supuestamente dotados de hormonas femeninas, añadiendo que ello explicaba que en su país las niñas evidenciaran crecimiento prematuro del busto, así como la alopecia (calvicie) en los varones. No es una broma elemental, desde ya.
Morales se asocia con entusiasmo a la ola anti tecnológica mundial que vitupera la existencia de productos modificados transgénicamente. "El pollo que comemos está cargado de hormonas femeninas. Por eso, cuando los hombres comen esos pollos, tienen desviaciones en su ser como hombres", dijo Morales sin pestañear, en medio de las caras risueñas y las carcajadas de millares de activistas que fueron escenario de la llamada Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra.
Primer presidente indígena de Bolivia, Morales se ufanó de que, tras conocer esa información, rechaza los pollos de granja y se alimenta exclusivamente con animales "criollos", no alimentados con transgénicos. Lanzado a una profecía contra las maldiciones de la modernidad, Morales aseguró que "en cincuenta años todo el mundo será calvo". ¿Por qué? Dedujo esto: "la calvicie, que parece normal, es una enfermedad en Europa, casi todos son calvos. Y es por las cosas que comen. Mientras, en los pueblos indígenas no hay calvos, porque comemos otras cosas". Puso como ejemplo su abundante cabellera, pese a que ya cumplió 50 años. Después de estas nimiedades, o -cuando menos-afirmaciones aventuradas y poco sólidas, sobre todo en la voz de un presidente, Morales dijo, por todo eso, es evidente que "Occidente cada vez trae más y más veneno".
Ese es el núcleo del problema: el cuestionamiento frontal y virulento de la cultura occidental como totalidad, como eje argumental que viene alborotando a las puertas mismas de la Argentina.
Morales no se anduvo con escarceos y criticó todo. Las papas holandesas, que reconoció son "grandes y hermosas", tienen hormonas de pescado y no sirven "para comer bien", mientras que la papa boliviana originaria, que se come con cáscara, "está satanizada", cuando la importada tiene "veneno" concentrado y debe pelarse. De la papa se fue a las gaseosas cola, como lo hicieron el régimen militar peruano en los años '60 y Castro en Cuba desde hace medio siglo.
Desde el mayor cargo político de esta nación sudamericana, Morales aseguró que las gaseosas cola solo son buenas para destapar inodoros. "Imagínense, que químico tendrán que en los años 90, cuando bebí varios vasos de esa bebida quedé muy afectado en mi salud, mientras que mis compañeros de mesa ingirieron mucha chicha (licor embriagante derivado de la fermentación de maíz) y no tuvieron problemas". Si los pollos, las papas y las gaseosas son malignas, para Morales peor son los medicamentos "occidentales", que -alegó- no sólo "no curan un mal, sino que provocan dos más".
Mientras esta enérgica ofensiva contra los siglos XX y XXI se montaba en La Paz, a decenas de miles de kilómetros la guerra cultural contra Occidente patentizaba nuevos y asombrosos avances.
ADULTERIO
Los medios de comunicación de la República Islámica de Irán recogieron hace pocos días las declaraciones impresionantes de uno de los clérigos más prominentes del régimen fundamentalista de Teherán, que complementan y le dan ulterior significado a lo que viene predicando Morales en Bolivia. Ahora resulta que las mujeres sexualmente promiscuas provocan terremotos, así de contundente.
La periodista Scheherezade Faramarzi divulgó los disparates que no sólo no divierten, sino que asustan, sobre todo si se advierte que Irán es un enorme país con una terrible historia de tragedias telúricas, uno de los más propensos del mundo a sufrir terremotos. Hace poco, el presidente de Irán, Majmud Ajmadineyad, predijo que es indiscutible que un terremoto asolará a la capital, Teherán, y que, por lo tanto, muchos de sus 12 millones de habitantes deberían relocalizarse ya, antes que acontezca la tragedia.
"Muchas mujeres no se visten con prudencia... consiguiendo que los muchachos jóvenes se desvíen, corrompan su castidad y diseminen el adulterio en la sociedad, lo que consecuentemente aumenta los terremotos". Esta frase la pronunció un clérigo importantísimo de Irán, Kazem Sedighi, que es un "hoyatoleslam", o sea una autoridad en el Islam, cargo honorífico musulmán entre los religiosos chiítas duodecimanos, rama del islamismo chiíta surgida hacia el siglo IX, de un nivel solo superado por el de Ayatolá.
Lo cierto es que ahora mismo las mujeres en la República Islámica de Irán son obligadas por ley a cubrir sus cuerpos de pies a cabeza, aunque muchas mujeres, sobre todo las más jóvenes, ignoran muchas de las normas más estrictas y se visten con atuendos ajustados y pañoletas echadas para atrás que muestran gran parte de sus cabelleras.
"¿Qué podemos hacer para evitar quedar sepultados por los escombros?" se preguntó Sedighi durante una plegaria pública. "No hay otra solución que refugiarse en la religión y adaptar nuestras vidas a los códigos morales del Islam". Hace por lo menos veinte años que los sismólogos vienen advirtiendo que es muy probable que la gigantesca megalópolis iraní sea castigada por un terremoto catastrófico en el cercano futuro. Varios expertos incluso aconsejan que Irán traslade su capital a una región sismológicamente menos activa, porque Teherán está edificada sobre varias fallas geológicas, incluyendo una de mas de 80 kilómetros de largo, pero desde 1830 no sufre ningún terremoto, aunque en 2003, un poderoso temblor sacudió la ciudad sureña de Bam y provocó la muerte de 31,000 personas, más de un cuarto de su población.
ANTICIPACIONES
La afirmación del prominente clérigo de la teocracia en el poder es no sólo temeraria, sino directamente inquietante. "Una autoridad divina me dijo que el pueblo debe arrepentirse. ¿Por qué? Porque las calamidades nos amenazan" dijo Sedighi, número dos del culto regular en las plegarias que se realizan en Teherán, y para nada un personaje menor.
Luego de que en junio pasado las fraudulentas elecciones presidenciales desencadenaran multitudinarias manifestaciones, sangrientamente reprimidas por el régimen, el líder confesional, angustiado por la promiscuidad de las mujeres, dijo que "el terremoto político que tuvimos fue una reacción de algunos a las acciones the otros, pero si ahora tuviéramos un terremoto natural en Teherán, nadie podrá confrontar tal calamidad excepto el poder de Dios. No defraudemos a Dios".
Hace dos semanas, Ajmadineyad pronosticó un terremoto, pero no pudo asegurar en qué fecha exacta y admitió que no podría ordenar la evacuación de sus 12 millones de habitantes, aunque anticipó que al menos cinco millones deberían salir de la ciudad.
La ola de embriaguez irracionalista fue complementada por el ministro de Bienestar y Seguridad Social del régimen, Sadeq Mahsooli, para quien rezar y pedir perdón es la mejor fórmula para evitar los terremotos. "No podemos inventar un sistema que evite los terremotos, pero Dios ha creado un sistema para evitar los pecados, que consiste en rezar, pedir perdón, dar limosna y auto sacrificarse" recomendó Mahsooli.
La cruzada contra los rasgos más decisivos de la modernidad que hoy campea en tierras tan diversas como Bolivia e Irán no es ajena a hechos que se viven en la Argentina, donde un rabioso fundamentalismo seudo ecológico abomina de la minería, de la biotecnología y de la globalización, y vitupera cualquier desarrollo o inversión que suponga transformar la vida real de la gente.
No tenemos, afortunadamente, líderes políticos con el poder de Morales o Ajmadineyad, pero la Argentina no está vacunada contra este vómito de reaccionarismo oscurantismo disfrazado de progresismo. Todo lo contrario.
www.pepeeliaschev.com Artículo publicado en el Suplemento Séptimo Día del diario El Día del 25/04/10 www.eldia.com
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