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Por PEPE ELIASCHEV No se anduvo con vueltas el jefe del justicialismo formalmente existente, Néstor Kirchner, cuando, antes de cerrar la semana, hizo un épico llamamiento a su bancada de diputados. Les pidió que resistan lo que denomina la "ofensiva mediática" que, a su juicio, tiene acorralada a su esposa, la presidenta Cristina Kirchner.
Ante las complicaciones derivadas de las acusaciones sobre pago de comisiones ilegales entre Venezuela y la Argentina, el Gobierno ha replicado con su receta habitual. Lo saben hacer, aun cuando la credibilidad de esta argumentación sea de penosa endeblez.
El ministro Julio De Vido sabe de qué se trata en verdad esa supuesta "ofensiva mediática". La denuncia de pago de coimas para que empresas argentinas consigan negocios de exportación con la Venezuela de Hugo Chávez no ha sido un fenómeno desdeñable. Aunque el imperturbable contador Aníbal Fernández diga que son puras mentiras (un "bluff", dijo, revelando la edad de su retórica), en el Gobierno han vuelto a tropezar con la misma piedra que se hizo indesmentible en ocasión del caso Antonini Wilson.
PARADIGMA
Parece evidente que el Gobierno fue embocado de mala manera con la fractura expuesta que el caso Venezuela revela en la piel del oficialismo. Las secas y elocuentes revelaciones del ex embajador argentino en Caracas, Eduardo Sadous, alborotaron el avispero dormido del peculiar vínculo chavista-kirchnerista.
¿Se puede tapar el sol con un dedo cuando es evidente que hay mucho de podrido en las relaciones que mantienen hace años ambos experimentos políticos? Nadie ha penetrado tanto en el alma y en el patrimonio de los Kirchner como el uniformado comandante Chávez. El resultado de las relaciones íntimas entre los dos gobiernos se hace ver ahora con pasmosa claridad.
Ante la justicia y bajo juramento, Sadous, un diplomático de carrera en servicio activo, declaró que, efectivamente, los negocios de la Argentina con el régimen de Venezuela incluían un sistema estructural de coimas. Como sucedió en 2007, cuando la entonces novata Presidenta acusó por el caso de Antonini Wilson a un complot norteamericano urdido por los servicios de inteligencia, también ahora esgrimieron el mismo mecanismo habitual.
Una vez más, un gobierno peronista habla de "complot", como si la arcaica noción de una "sinarquía internacional" resuelta a pulverizar a la Argentina, concepto que Perón usó toda la vida, no hubiese muerto con el líder en 1974.
La idea del complot marca a fuego a gobiernos que viven responsabilizando de sus problemas a los ardides de extranjeros siniestros. Aunque las comparaciones son no solo odiosas, sino también inservibles, es el mismo razonamiento de Cuba desde 1959 y de Venezuela desde 1998: los males vienen de ultramar, la culpa la tienen malvados enemigos, complotados para evitar el triunfo de los abnegados transformadores de la realidad.
DIFICULTAD
Sin embargo, al margen de la cáscara seudo ideológica, al Gobierno se le hace cuesta muy arriba dar cuenta de temas centrales. ¿Cómo justificar que fuera obligatorio que empresas argentinas tuvieran que pagar obligatoriamente un 15% de "comisión" a un oscuro intermediario radicado en el Estado norteamericano de la Florida para conseguir venderle algo a Chávez? Esos servicios de intermediación suelen cobrarse un 5%, que ya de por sí es mucho dinero cuando se trata de intercambios comerciales. ¿Por qué esa diferencia?
Tampoco puede el Gobierno hacerse cargo de otro elemento contundente: el embajador Sadous había alertado con profesional discreción, ya en 2005, que los negocios argentino-venezolanos estaban apestados de coimas encubiertas. Las autoridades de entonces (Kirchner y su canciller Rafael Bielsa) no parecen haber tomado medidas ante la denuncia. En cambio, Sadous fue reemplazado rápidamente en la embajada por la ex secretaria de Estado del presidente Fernando de la Rúa, Nilda Garré, hoy ministra de Defensa. Así, nunca más hubo problemas para Kirchner y se siguieron firmando convenios con "intermediación" obligatoria en Miami. Si estos manejos pudieran ser acreditados como prueba judicial, el esqueleto del sistema de peaje quedaría certificado en su devastadora dimensión.
La triangulación Caracas-Miami-Buenos Aires ya es un clásico de los afanes revolucionarios de Chávez, un anti-norteamericano profesional que hace pingües negocios siempre con un pie en los Estados Unidos. ¿Cómo cabe explicar, al cabo de estos años, que Antonini Wilson haya viajado en un avión privado alquilado por el gobierno argentino y al desembarcar en Buenos Aires, tras ser descubierto portando una valija con 800 mil dólares, detenido, liberado e invitado a la Casa Rosada, finalmente se marche del país rumbo a Miami sin ser molestado?
La acusación de coimas de estos días discurre por las mismas vías. Un oscuro empresario nacido en la Argentina pero con firme anclaje en Caracas y Miami, aparece -por ejemplo- como socio privilegiado de negocios entre dos naciones que facturan unos 500 millones de dólares. Es el vicepresidente de la Cámara de Comercio argentino-venezolana adonde llega como representante de una corporación multinacional creada por el mega millonario Marc Rich, oportunamente condenado en los Estados Unidos a un total de 300 años de cárcel por estafador, pero luego indultado por el presidente Bill Clinton. Ese inicialmente empleado de Rich, sería el argentino gerente de la firma Impsa al momento que ésta se hiciera de contratos millonarios con el régimen de Chávez.
Todo va cerrando, pese a que -como era lógico- los empresarios que se prendieron al negocio pagando coimas, ahora digan que son vírgenes y, como quien recita un mantra, repiten que "está todo en blanco y con factura". ¿Es ésta la pista que lleva al corazón del nido de la corrupción?
Imposible saberlo (y sobre todo probarlo) hoy, pero se va instalando la sensación de que cada vez es más factible comprender de dónde venía y a quién se dirigía la valija que le confiscaron a Antonini Wilson, aunque no hay que ser demasiado inteligente para colegir que esos dólares nada blancos eran una tajada mediante la cual los exportadores accedían al pago normal de sus ventas a Venezuela.
CARCAJADA
Puede faltar mucho como puede faltar poco para que estos oscuros senderos sean iluminados por la verdad, pero no se precisan grandes dotes de adivino para pronosticar que, pase lo que pase, esta etapa de los vínculos de la Argentina con el mundo quedará enchastrada por la penetrante sensación de que la primitiva retórica revolucionaria que campea en el Caribe y en esta margen del Río de la Plata es una carcajada siniestra tras la que se advierten gruesas tramas de negocios ilegales al servicio de la perpetuación del poder.
Por todos estos elementos, las medidas que viene poniendo en práctica el Gobierno en materia de política comunicacional son de enorme trascendencia. Tras la castrense frase de Kirchner ("resistir la ofensiva mediática"), la Presidenta se acercó a la fiesta de los 33 años de la creación de la Asociación Madres de Plaza de Mayo (hoy en manos de Hebe Bonafini) para proclamar que "la libertad de expresión es para todos en la República Argentina. Para todos. Para todos". ¿Por qué la repetición? Un día antes, el jueves 29, el grupo de Bonafini declaró "culpables del delito de traición a la Patria" a un grupo de periodistas y comunicadores a los que la entidad sometió a un llamado "juicio ético y político" y a los que sentenció por su "complicidad con la última dictadura militar".
Va por más Bonafini. Legitimada por el explícito aval de la Presidenta, ya anunció jurados populares contra los jueces a los que el Gobierno percibe como enemigos por haber actuado entre 1976 y 1983. En el "juicio popular" a los periodistas, Bonafini agradeció explícitamente el apoyo de la CGT y de Canal 7, uno de los dos canales que transmitió el "juicio" (el otro fue C5N). "Vamos a seguir, compañeros. El próximo es el juicio a los jueces. Ellos también van a ser condenados", pronosticó, 24 horas antes de recibir, regocijada, a la Presidenta.
El otoño ha sido hasta ahora benigno y primaveral, pero podría augurar un invierno borrascoso o muy destemplado.
www.pepeeliaschev.com.ar Artículo publicado en el Suplemento Séptimo Día del diario El Día del 02/05/10 www.eldia.com
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