Fecha: 06/05/2008 Argentina en medio de la tormenta |
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Pepe Eliaschev Buenos Aires, 4 de mayo de 2008 - Con la tregua agonizando luego de un Día del Trabajo bucólico y desganado, el campo recompone fuerzas y traza proyectos para vérselas con un gobierno convencido de que puede doblegar a bajo precio la insurgencia agraria. Lecciones aprendidas: no habrá cortes de rutas, pero las cuatro entidades principales de la galaxia agropecuaria permanecerán en estado de "alerta y movilización" luego de acercarle su propuesta a Cristina Kirchner. La Sociedad Rural Argentina, Federación Agraria Argentina, Confederaciones Rurales Argentinas y Coninagro ahora se encolumnan a una "etapa de movilización", tras 30 días de discusión con el Gobierno, aunque el campo sabe que quedaron numerosos asuntos pendientes de resolución. Para el presidente de FAA, Eduardo Buzzi, "se inicia, de ahora en más, una campaña de movilización y de desenmascaramiento de quiénes son los que ganan en la Argentina". La densa y profusa propaganda oficial machaca con la idea de que al campo argentino lo maneja una "oligarquía" empachada de extraordinaria rentabilidad, minoría ociosa, atrasada, codiciosa y, además, antidemocrática. Tamaña tontería no la creen ni siquiera los operadores mediáticos del Gobierno y en la opinión pública suscita incredulidad o, directamente, irritada animadversión. Los mecanismos de lucha de las entidades son muy similares. Asambleas de pequeños productores de la FAA y reuniones ampliadas de los asociados de CRA discuten la táctica a desarrollar resueltos a seguir movilizados. El presidente de CRA, Mario Llambías, fijó las pautas centrales para este fin de semana de recomposición: "pedimos que estén en las rutas, debe haber presencia en las rutas, pero sin cortes". Con el campo, se aguarda la audiencia del martes con el jefe de Gabinete, aunque con Alberto Fernández nunca se sabe, ya que vive plantando o con "amansadoras" de horas interminables los diputados y senadores que lo siguen aguardando para los informes mensuales que casi nunca brinda. En el caso de los opacos legisladores oficialistas, claro, vivir humillados permanentemente por sus propios jefes forma parte de la triste rutina que ellos denominan lealtad. El Congreso jamás estuvo tan relegado y aplastado en estos 25 años de democracia como ahora, sobre todo si se evocan figuras dispares pero vigorosas como César Jaroslavsky, José Luis Manzano, Juan Carlos Pugliese, Eduardo Menem, Edison Otero, Federico Storani, Rubén Marín y Antonio Cafiero, entre otros, para mencionar a quienes fueron oficialismo y oposición desde 1983. Ahora la Argentina funciona en una pulseada brutal y permanente entre el poder gubernamental concentrado y las diversas categorías sociales, económicas y políticas que lo cuestionan. Esto se ha ratificado plenamente en este mes y medio de confrontación entre la Casa Rosada y el campo. Los productores agropecuarios se proponen verificar que se cumplan los acuerdos con el trigo y la carne, impulsados por el debilitado Alberto F. y saboteados minuciosamente por Guillermo Moreno. Aseguran que, hasta ahora, "son sólo papeles firmados", mientras siguen pendientes cuestiones urgentes que no entraron en agenda, como las retenciones y el tema de la leche. También se encolumna en esta dirección Coninagro, cuyo vicepresidente Carlos Garetto asegura que las diez federaciones de cooperativistas que la integran ya están movilizadas, muchos al costado de las rutas. "Los productores analizan los acuerdos alcanzados y se mantienen en alerta para verificar que lo acordado se cumpla", explica, mientras aguardan verificar la cuestión del precio pleno del trigo y la apertura del registro de exportaciones cárnicas. Tras la rica y turbulenta experiencia de las últimas seis semanas, la gente del campo mide sus palabras y se cuida de no gastar pólvora en chimangos: "siempre fuimos dialoguistas. Los productores no están protestando con cortes, sino que permanecen en estado de alerta para apoyar a los dirigentes en la negociación y seguir avanzando", proclama Garetto. La Sociedad Rural Argentina (SRA), desde cuyo escenario tradicional se proyectó con singular claridad y fuerza su vicepresidente Hugo Biolcatti, también dedica el fin de semana a discutir propuestas y el presidente de la entidad, Luciano Miguens, subraya que, al igual que sus tres socios en la comisión de enlace, ellos también postulan que el sector continúe en estado de "alerta y movilización". Como Buzzi y Garetto, Miguens fue explícito: "no hablamos de prórroga ni de paro. La gente del campo va a seguir movilizada. El sector logró posicionarse y quedó definido que estos reclamos no son los de un productor solo o los de una entidad". Nadie quiere cortar rutas. Miguens aclaró que "vamos a recomendar que no se corten las rutas. Pero la decisión final va a llegar tras la reunión de la comisión de enlace. Me parece que no es bueno provocar inconvenientes al ciudadano común que nos ha apoyado". Aparentemente la Presidenta querría deshacer el aumento de las retenciones o el invento de que sean "móviles", pero al estilo kirchnerista, sin desdecirse, ni rectificarse públicamente. Mientras el Gobierno procura reconfigurar su modelo de beligerancia activa con el capital agropecuario, el régimen de Hugo Chávez en Venezuela estatizó Sidor y tomó el control de la empresa, propiedad del grupo argentino Techint. El militar venezolano asegura que pretende poner a la acería al servicio del interés "de la nación, de la república y de sus trabajadores. Vamos a transformar a Sidor en una empresa socialista, del Estado socialista, de los trabajadores socialistas para impulsar la revolución bolivariana". El gobierno argentino no ha podido hacer mucho por Techint desde que, el 9 de abril, el vicepresidente venezolano, Ramón Carrizalez, anunció que Venezuela ponía a la siderúrgica Sidor en manos del Estado. Según Chávez, Techint pide una compensación de entre 3.000 y 4.000 millones de dólares, pero él opina que el "precio justo" es de solo 800 millones de dólares, aunque la Siderúrgica del Orinoco (Sidor), la más grande de Venezuela y considerada una de las más decisivas acerías de América Latina, fue comprada en 1997 por Techint en 1.200 millones de dólares. Si la Venezuela de Chávez se sigue tiñendo ideológicamente de rojo, en Bolivia el proceso dirigido por Evo Morales recorre el mismo camino. Mientras Chávez anunciaba que el Estado se hacía de Sidor, el boliviano Morales proclamaba que su gobierno controlaría las empresas de hidrocarburos en su país, empezando con la estatización pactada de Repsol YPF y la expropiación de las otras tres petroleras. Nacionalizó la telefónica ENTEL, de capital italiano, aunque, curiosamente, prometió a los inversores respetar los "compromisos". "Bolivia quiere socios y no dueños" de sus recursos naturales, machacó Morales, que, llamativamente elogió a Repsol-YPF por el acuerdo. "Estos acuerdos son por los pueblos. Era un compromiso que teníamos antes de llegar al gobierno y lo vamos a cumplir", redundó, aunque, matiz divertido, al dirigirse a los empresarios afirmó que "los inversionistas tienen derecho a recuperar sus inversiones. Vamos a cumplir con los compromisos". El lenguaje y las proclamas incendiarias de Chávez y Morales revelan un marcado sesgo ideológico en parte de la región. Pragmático, Morales, admite que "no es posible, a veces por muchos factores, abolir las normas que forman parte de un sistema capitalista. Pero, siempre con la fuerza de los trabajadores de los distintos sectores es que podemos empezar a eliminar una por una; necesitamos trabajadores revolucionarios, ningún reformista ni conservador". En el vendaval de estatizaciones aplicadas por gobiernos unipersonales y discrecionales, América Latina se proyecta, en clave venezolana y boliviana, de manera similar a los nacionalismos militares que cruzaron la región a fines de los años Sesenta e inicios de los Setenta. Pero junto con este recalentamiento ideológico, hay un curso de prudencia y seriedad ostensibles en los gobiernos de legitimidad democrática y popular (Brasil, Chile, Perú, Uruguay) y el presidente electo Fernando Lugo ya aclaró que Paraguay no se siente tentado por el camino chavista, ni mucho menos. En este escenario, con los regímenes de Caracas y La Paz como paradigmas de excesos y desequilibrios ya condenados por la historia, ¿hacia dónde bascula la Argentina de los Kirchner? Columna publicada en Diario Popular, y El Día de La Plata el día 04/05/08. www.pepeeliaschev << Volver |
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Marcelo Elías |
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