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Fecha: 30/04/2008

Tendencia: tango en idish


El 2x4 y la melancolía de la diáspora


Músicos y compositores judíos vuelven a llamar la atención con un género que surgió en los años 40


En todas las manifestaciones del tango, los músicos judíos tuvieron una preponderancia fundamental, sobre todo a comienzos de los años 20, con la primera gran ola inmigratoria de artistas que se sumaron a las primeras agrupaciones del género, y posteriormente, en los 40, cuando la persecución nazi y la Segunda Guerra Mundial los trajo al Río de la Plata. Durante ese período, el tango se transformó en un vehículo de ida y vuelta entre estas culturas; las orquestas, en un lugar de pertenencia en la sociedad porteña para los músicos judíos, y los musicales en idish, en una gran novedad de resonante éxito en la cartelera de espectáculos de Buenos Aires y Nueva York.



La diáspora de la cultura judía produjo un género nuevo: el tango idish. "En Buenos Aires, los primeros inmigrantes -muy buenos músicos entre ellos- se asociaron a los primeros grupos de tango que aparecían en el panorama. Ellos sumaron al dos por cuatro la melancolía de su tierra con melodías compuestas en idish, que era el idioma que hablaban entre ellos", cuenta la cantante Zully Goldfarb, que después de dos años de investigación está por lanzar un material dedicado íntegramente a un repertorio de tangos en idish llamado De donde viene mi voz , y que presentará con un ciclo todos los domingos de mayo en el Café Homero.



El género está llamando nuevamente la atención. Parte de ese repertorio que se mantuvo resguardado durante años en la memoria emocional de la comunidad judía reaparece en la voz de otras intérpretes que lo adoptan como original forma de expresión para sus espectáculos. La cantante y actriz Divina Gloria viene de protagonizar un notable éxito en un teatro de Los Angeles, con dos noches sold out y excelentes críticas, recuperando la voz olvidada de esos tangos en idish. La médula de su espectáculo, Karavanah, son las canciones que estaban guardadas en los recuerdos de la infancia de la actriz, conocida por su participación en ciclos de Alberto Olmedo y trabajos en el off.



"Las músicas las venía conociendo de pequeña. Mis abuelos fueron artistas de teatro judío y esa herencia me quedó", explica Divina Gloria. "Pero tuve que ahondar más en ellas, recordar y aprender esos versos en idish, además de su significado. Todo este trabajo me emocionó muchísimo."



Otra artista muy conocida en la comunidad judía, la intérprete Zoila, fue una precursora en abrir el espacio para los tangos en idish; lo mismo que en el exterior realizó la argentina Lloica Czackis, que se transformó en una estudiosa del tema y realizó un trabajo en conjunto con el pianista argentino Gustavo Beytelman, para cruzar el idioma idish con la sonoridad de esos tangos del gueto.



La temática de las canciones son muy diferentes. Hay letras costumbristas, temas de amor, historias de desencuentros y otras que evocan las tradiciones y la melancolía del destierro. "Toca para mí un tanguito en idish/ sea ortodoxo o jasídico/ que hasta la babele misma lo entienda/ y salga a dar un bailecito/ Toca, toca, musiquerito, toca/que un corazón judío se emociona/ toca, te pido, con alma y fuego/ toca para mí un bailecito, toca/ Tócame entonces un tango sobre refugiados/ sobre un pueblo disperso, desperdigado/ y que chiquilines de cualquier edad/ puedan entenderlo y bailarlo", recuerda un tango, que se tocaba en la clandestinidad en el gueto de Varsovia.



El tango que había ingresado en Europa del Este en los primeros años del siglo veinte fue adoptado como una interesante novedad musical que los artistas judíos incorporaron al repertorio que se tocaba en cabarets y salones de baile componiendo temas originales en su idioma. Cuando el Tercer Reich comenzó el terrible exterminio judío, algunas melodías populares con la rítmica de tango, fueron transformadas como himnos de resistencia: "La mayoría son letras que hablan de la vida en el gueto, de la oscuridad y de como se marchitaron las flores", apunta Divina.



En su libro Tango judío , el periodista Julio Nudler le dedica un capítulo al lamentablemente célebre "Tango de la muerte", basado en un poema de Paul Celan, que señala cómo una orquesta tocaba tangos mientras los judíos marchaban a su muerte en los campos de concentración de las SS. Parte de ese material se hizo conocido gracias al músico Shmerke Kaczerginsky, quien sobrevivió al Holocausto y se radicó en la Argentina. El músico se dedicó a recuperar registros orales y canciones que publicó en el libro Canciones de los guetos y los campos (1948), con unos doscientos cincuenta textos y unas cien melodías. "Los tonos menores, tristes, de los tangos, estaban entre las melodías más adoptadas por sus autores -sostiene Kaczerginsky-. No pocos motivos fueron compuestos en el gueto en tiempo de tango. Muchos tangos, además, fueron cantados también con los textos de preguerra que no habían perdido actualidad en el gueto, textos de amor, de nostalgia y maternales."



La cantante Zully Goldfarb, sin embargo, tuvo que ir más atrás para encontrar el material de su disco y recuperar aquellas melodías en idish de los veinte y treinta, que originalmente habían sido creadas por los músicos judíos entusiasmados con la rítmica del dos por cuatro. "Me costó encontrar todo el material hasta que logré reunir los trece tangos en idish. Muchos de esos temas pertenecen a una época dura, porque son historias de amor escritas durante la segunda guerra, donde desaparecieron tantos seres queridos. Pero también encontré otros tangos más sentimentales, que hablan de los tiempos de alegría y esperanza. Fue todo muy movilizante, porque muchas canciones me las pasaron familias que tenían los temas guardados en cajones o en viejos discos. Como judía y porteña era el mejor homenaje que le podía hacer a mi cultura. Dios me puso en este camino para alegrar las almas deseosas de volver a escuchar estas canciones para que sigan vivas en la gente."



Por Gabriel Plaza


De la Redacción de LA NACION



Canciones judías en cartelera



Durante los años treinta, los musicales judíos generaron un verdadero fenómeno en la cartelera porteña y dejaron su huella. A lo largo del tiempo, diferentes espectáculos recuperaron el humor, las canciones o historias protagonizadas por personajes de la comunidad judía. Actualmente, la manera de repensar la cultura judía que tienen espacios como YOK o la revalorización de canciones en idish, en fusión con el tango, que habían quedado perdidas en el tiempo, vuelven a contar la historia de un pueblo. Una buena manera de descubrir parte de esa historia es a través de los espectáculos de Divina Gloria, con su estética de cabaret, que subirá a escena, hoy, a las 21, en Notorius (Callao 966). Los sonidos van desde el violín triste hasta el clima festivo al estilo de la orquesta de Emir Kusturica con toques de jazz y milongas de arrabal. La acompañan Sergio Iriarte, en batería; Germán Meira, en guitarra; Hernán Gravelloni, en bajo, y Pedro Onetto, en teclado. Por otro lado, la cantante Zully Goldfarb realizará un ciclo todos los domingos de mayo, a las 20, en el Café Homero (Cabrera 4946). La artista presentará una fusión de la cultura judía y rioplatense, entre tangos clásicos y temas en idish, que verán la luz en su próximo disco. Los arreglos están a cargo del pianista Pablo Saclis, el bandoneonista Omar Massa y el contrabajista Gerardo Scaglione.



Artículo publicado en el Diario La Nación del día 28/04/08.


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