Fecha: 20/12/2009 Se vienen los apolíneos |
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Por Jorge Fontevecchia La política es siempre cambiante pero hoy el peronismo se encamina a ser oposición y el panradicalismo, gobierno en 2011. La disputa agresiva de Duhalde con Kirchner y la conciliatoria de Duhalde con Reutemann por su indefinición apuntan más a quién será el jefe de la oposición que al del próximo oficialismo. El sueño diurno de Duhalde ?tan ostensible que lo hace público cada vez que puede? es ?llevarse al loco? que trajo; que Kirchner pierda tanto la presidencia del país como del PJ y, como lo viene repitiendo, que el peronismo pueda superar su asignatura pendiente de ganar una elección, inclusive después de que un presidente de otro partido termine con éxito su mandato, algo que nunca le sucedió aún. Aceptando que la política es siempre cambiante, si las elecciones fueran hoy Julio Cobos sería el nuevo presidente y Kirchner o cualquier otro candidato peronista no pasaría siquiera a la segunda vuelta. El filósofo del Senado Samuel Cabanchik, repara que Cobos se parece cada vez más al San Martín de su época mendocina, algo que Cobos debe haber percibido porque no pierde oportunidad de asociar su figura con la del padre de Otro filósofo, Nietszche, dividió a la humanidad entre dionisíacos y apolíneos. Dioniso era el dios griego de la naturaleza, la savia húmeda de la tierra y la vida poderosa. Su fecundidad y exuberancia hacían que el hombre que se identificara con él se sintiera ebrio de vida y aboliera los límites de la existencia. Apolo era el dios de la mesura, la verdad, la ética y el orden. Quienes se identificaban con él eran disciplinados, apegados a la formas, sentían agrado por las convenciones y el deber ser. Cuando se llega al paroxismo dionisíaco, es necesario restablecer el equilibrio con el apego a la medida, lo justo y la prudencia que le ponen límite al estado narcótico. Son antinómicos: mientras Apolo enseña el conocimiento de sí, Dioniso, el olvido de sí. Uno es cultura; el otro, naturaleza; lo refinado versus lo silvestre, la apariencia y lo real, cuerpo y mente. La cultura tiene culpa y vergüenza; la naturaleza, fuerte e inderrotable, no sabe qué son esos sentimientos. Lo tiránico y lo bárbaro provienen del espíritu dionisíaco. El legislador y la democracia de lo apolíneo. El racionalismo en su necesidad de uniformar desprecia lo cambiante, peca de abstracto, mediocriza y termina siendo víctima de las formas. El libre brotar del impulso desnudo que rompe todas las cadenas e ignora cualquier limitación corre el riesgo de terminar sofocando todo, incluso al genio creador que es su principal emergente. Artículo publicado en el diario Perfil del día 19/12/09 << Volver |
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Marcelo Elías |
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